CAPÍTULO ONCE
- BANDERA BLANCA
Ambos corrimos fuera del camión.
El doctor hizo que desapareciera su campo de invisibilidad y yo desactivé sus
ojos durante unos segundos, el tiempo suficiente para que Rory y Amy salieran
del camión y desaparecieran de su campo visual.
-Debéis rendiros y ceder a las
órdenes de los Dalecs. Doctor, serás destruido en nuestra base. La voz
compartirá tu destino.
-¡Eso es! ¡Llevadnos con
vosotros!-Gritó el doctor.
Fuimos transportados a la nave
donde se encontraban todos los Dalecs. Tan solo eran cinco, pero sus modelos
eran más poderosos.
-Los archivos indican que hay un
90% de probabilidades de que tengáis un plan, pero esta vez hemos prevenido
todas las variables posibles. Hoy se llevará a cabo la completa extinción de la
raza inferior de Los Señores del Tiempo.
-Dejaos de sermones. Todos
sabemos lo que va a pasar. Vuestros archivos evolucionan y vuestras armas y
defensa también, pero vosotros seguís siendo seres primitivos. Incapaces de admitir
la realidad. - Afirmé.
-Esa afirmación en incorrecta. La
definición de realidad está sin duda en nuestros archivos. Los Dalecs son los
seres supremos del universo. Todo aquello que no sea Dalec, debe ser
exterminado.
-¡No, no, no! Os doy
oportunidades que jamás habría dado a otros, ¡pero nunca las aprovecháis!
-Dejé de creer en vuestro
razonamiento el día en que os conocí. La humanidad, Los Señores del Tiempo, y
todos y cada uno de los seres del universo ¡son mucho más grandes que una simple
y mísera célula vuestra!
-Eso es un error. Los Dalecs
somos seres supremos. Somos superiores a todas las razas del universo.
-¡Superiores en estupidez! No
sois capaces de razonar, no tenéis mente propia. Solo sois simples datos. No os
sirve tanto conocimiento si no sabéis utilizarlo.
-El Dalec, el único Dalec que fue
capaz de evolucionar, de pensar, de razonar. Lo matasteis. Y cometisteis
genocidio.
-Según tu afirmación, doctor, no
sois peores que nosotros.
Aquello llegó hasta el alma del
doctor, sentí que sus corazones disminuían el pulso, la tristeza le recorría el
cuerpo, y esa expresión de melancolía y arrepentimiento envolvía su rostro. Su
frustración y su conciencia le traicionaban. Fruncía el ceño. Esa expresión era
la misma que en aquel nuestro cumpleaños, cuando me asesinaron delante de él.
Cuando yací muerta en el suelo, y él vio mi cuerpo caer. Y, sin embargo, al
regenerarme y verlo morir, yo no sentí nada…
-Error. -Dije con voz firme- Él
no cometió genocidio. La prueba de ello: mi propia persona.
-Es correcto. Nosotros los
Dalecs, somos los que acabaremos con la raza inferior de los señores del
tiempo. Así debe guardarse en los archivos.
-Error de nuevo. -Continué- ¿Sois
novatos en esto? ¿O es que acaso no recordáis todas aquellas veces en las que
fuisteis derrotados por lo que llamáis razas inferiores?
-Los Dalecs nunca hemos sido
derrotados. Siempre sobrevivimos.
-Sobrevivir no es salir
victoriosos. -Continué mi monólogo-La victoria es para aquellos que corren. Y
eso es lo que mejor se nos da. ¿No es así Doctor?
Una sorpresa y una sincera
sonrisa fueron la respuesta a mi pregunta. Unos ojos brillantes y una mirada
orgullosa eran el mejor de los regalos que él podía otorgarme.