Escribí las coordenadas en el papel psíquico sabiendo que llegarían hasta él, pero también sabía que no esperaría que fuese yo.
No le importó demasiado cuando me encontró en ese estado, desangrándome lentamente y apunto de morir, no dudó en llevarme dentro de la Tardis.
Aún podía mantenerme en pie y hablar de forma que él me entendiese. Recuerdo que entonces le acompañaba Amy, ella estaba tan desconcertada y desesperada como él, pero él actuaba de forma distinta. Pude leer sus pensamientos sin ni si quiera esforzarme. Ella lamentaba que Rory no estuviese, sabía que él podría haberme ayudado a pesar de mi gravedad.
El doctor no hacía más que preguntarme mi nombre. No me reconocía y eso me hacía reír. Intentaba parar la hemorragia, pero yo le detenía y me quejaba constantemente. Amy se desesperaba más y más porque yo no dejaba que el doctor me ayudase. Yo también insistía.
Él me tumbó en el suelo de la Tardis, estaba tan frío. Me sujetaba los brazos para que no luchara contra él. Yo hice parecer que me había calmado. Él siguió preguntando <<¿Cuál es tu nombre? ¿Cómo te llamas?>>. Siempre les dice eso a las personas que sabe que van a morir, para recordarlas. Para que así no mueran para él, como un remedio sentimental. Para dejar huella en él, y por tanto en el mundo.
Yo le acerqué su cabeza, haciéndole creer que le diría mi nombre. En su lugar le dije las palabras que menos esperaba y las que más temía oír.
-Apártate, Sathrafnugan.
;)
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