Whovians' visits

lunes, 16 de abril de 2012

Sexta temporada - Capítulo uno

EL ASTRONAUTA IMPOSIBLE


Como la mayoría sabréis, anoche tuvo lugar el estreno de la sexta temporada de Doctor Who en Boing. Sé que no es un canal muy querido por los mayores de 12, pero para todo hay excepciones. No todos los puntos en el tiempo pueden reescribirse, hay puntos fijos. Como diría el doctor.


Bien, ya que no hay muchos con los que comentar este acontecimiento, lo comento yo aquí. Que para algo me hice el blog.


Este primer capítulo comienza intrigantemente con el doctor, desnudo, debajo de la falda de una mujer que, parece ser, le pintaba un cuadro. Más tarde, ambientado en la casa de los Pond, Amy y Rory reciben un sobre en el que está escrito y bien señalado el número 3. En el interior de este, también cabe señalar que es un azul Tardis, se indica una fecha, hora y lugar.


En el desierto de Utah, se reúnen los cuatro amigos (o dobles parejas): El Doctor. Amelia Pond, la chica que esperó... toda la noche en su jardín. Rory Williams, Rory el romano, el chicó que esperó... 2000 años, bien por ti. Y la doctora/arqueóloga River Song, la mujer que se casó con el Doctor... bien por ella. (morruda)


Lamentablemente, en un picnic no es siempre todo de color de rosa. Y menos con el doctor. Un astronauta camina desde el lago hasta la orilla, y el Doctor advierte a los demás que no intervengan, mientras él camina para reunirse con el destino del que había huido casi 200 años. El astronauta disparó.


Aquellos que no lo sepáis pensaréis: Regeneración. Pero todos sabemos que puede morir igualmente. Una regeneración interrumpida causa la muerte del alma de un Señor del Tiempo, y su cuerpo, ya estaba muerto. Amy llora la muerte de aquel que la salvó de ella misma (metáfora, a veces me da por la filosofía), mientras que un hombre viejo y desconocido porta un bidón de gasolina hasta ellos.


¿A quién pertenecía ese cuerpo muerto si no al mundo que tantas veces había salvado? Rory fue el corazón valiente que empujó la barca ardiente al agua, y luego volvió hacia su esposa para consolarla. River preguntó al hombre viejo quién era. Este les dijo su nombre y les mostró el sobre azul que también había recibido. Él no volvería a verles, pero ellos a él sí. En 1969.


Entonces, al ver los tres sobres juntos, con sus respectivos números, River comprendió. El número 4, el hombre misterioso. El número 2, River Song. El número 3, Amy y Rory. Aún faltaba el número 1. ¿Pero en quién confiaba más el doctor si no en sí mismo? Y allí lo encontraron. Con 909 años, casi 200 menos del que habían visto yacer en la orilla del lago. Pusieron rumbo a 1969, en la casa blanca. Donde una niña pedía socorro al presidente, y el hombre misterioso era Canton Everett Delaware III (mucho más jóven, claro).


Finalmente, en la casa blanca, dieron al doctor la oportunidad de defenderse.
-Necesitaré un equipo de asalto, mapas de Florida, tres tazas de té, galletitas rellenas, y un fez.
-Traedle los mapas.


Localizó a la niña que pedía ayuda en un cruce de calles, y allí fueron en la Tardis, acompañados por Canton (nuevo amiguete). Rory tardó en explicarle que es más grande por dentro y lo de los viajes en el tiempo.


Amy ya tenía planes para deshacerse del astronauta. Si era el mismo que el que mataba al doctor, podían matarlo ahora y salvar al doctor. Pero River sabe lo que eso supone, y trata de explicárselo a la pelirroja. River y Rory exploraron los túneles subterráneos, donde los seres del silencio les acechaban (aquellos que olvidas si dejas de mirarlos). A su vez, los gritos de socorro de la niña perseguían a los otros tres compañeros. Pero Amy necesitaba parar para decírselo al doctor.


-Doctor... estoy embarazada.


Un gesto de asombro inundó su rostro. Pero entonces, el astronauta se interpuso en la conversación. Amy cogió la pistola de Canton y se oyeron dos disparos. Y Amy y el doctor vieron el triste rostro de la niña con el traje de astronauta y su ceño fruncido.


Y sin saber si la bala acertó, si Canton volvió a su consciencia, y si Rory y River estaban a salvo... se terminó el capítulo.


Yo siento lo mismo, queridos Whovians.

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