CAPÍTULO CINCO - LA DUDA RESUELTA
-Te eché de menos. No sabes cuánto.-no pude evitar que una lágrima cayera por mi mejilla.
No me habría importado llorar hasta gastar mis lágrimas y que solo quedara felicidad. Pero el doctor era una razón por la que, ya solo lloraría a causa del recuerdo.
-Ya no tienes por qué llorar.-me dijo mientras una gota de agua salada descendía desde uno de sus ojos y caía por la barbilla, dejando un rastro húmedo en su rostro.
Amy no tardó en aparecer.
-Hacéis buena pareja. El doctor aún no me ha dicho quién eres, pero me lo dirá tarde o temprano. Siempre lo hace.
-Es lo mismo que le dijiste al Señor del Sueño.-le contesté.
-Y fue como le advertí.-empezó a intimidarme en un intento fallido.
-Y resultó ser él.
-Pero tú no eres él.
-Pero soy como él. Soy un Señor del tiempo. Él es el doctor, yo soy la voz.
-¿La voz?-Se extrañó tanto que se olvidó de darme la mano y de presentarse ella.
-Él no te querrá explicar nada, se siente incómodo al hablar de su pasado, aunque sabe que se libera al contarlo. A ti solo te ha dicho una parte de él, a otros les ha dicho otra.
-¿Doctor?-Le reprochó.
Guié a Amy a un sitio donde pudiésemos estar a solas y explicárselo todo.
-¿Qué es lo que no me ha dicho?
-Te ha contado qué es y de dónde viene. Te ha hablado sobre la última guerra del tiempo, y que todos los demás pertenecientes a nuestra especie desaparecieron junto con nuestro planeta Gallifrey. Pero se saltó varios capítulos de sus vidas.
-Vidas… ¿Cuántas ha tenido?
-Varias.
-¿Se puede saber a cuál de sus vidas perteneces tú?
-A la primera, única, inigualable y original. Nosotros pasamos juntos nuestra primera vida, la de verdad. Cuando cambiamos por primera vez nos distanciamos. Él pensó que yo había muerto en batalla, pero en realidad me escapé de allí cuando supe lo que iba a hacer, que todos íbamos a morir por culpa de forjarnos en el fuego de la guerra. El doctor, el amo y yo fuimos los únicos supervivientes. El amo murió sacrificándose en el lugar del doctor, y llevo siguiéndole de cerca desde entonces.
-¿Y cuánto tiempo llevas tú? Es decir, ¿cuántos años tienes?
-Los mismos que él, nacimos el mismo día.
-¿Mil ciento tres?
-Mil ciento cuatro, hace cuarenta minutos.
-Nunca me había dicho su cumpleaños.
-Ni a ti ni a nadie, cielo, ni a ti ni a nadie. Detesta este día. Fue el día más hermoso que pudo existir para nosotros, despertamos juntos y…
-¿Y qué?-Quiso que continuara.
Entonces levanté la vista e intenté encontrar unas palabras que no la sobresaltaran, pero supe que era imposible. Era imposible describirle aquello de una manera que resultase delicada.
-Nos asesinaron.
Nos veremos la próxima semana, disfrutad del resto de las vacaciones.
;)
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