CAPÍTULO TRECE -
¿QUIÉN ERES?
-Los Dalecs no necesitan
multiplicarse. Pero la forma para multiplicarnos es útil. Será extraída de
vuestras mentes y luego seréis exterminados.
-Totalmente de acuerdo.-Me crucé
de brazos.
-¿Pero qué estás haciendo?-El
Doctor siguió susurrándome- ¿Qué intentas?
-Si intentan acceder a mi mente
puedo revertir el proceso y acceder yo a las suyas. Ya sabes lo buena que soy
con ese tipo de cosas, era mi entrenamiento preferido allá en los principios de
la Guerra del Tiempo.-Le contesté.
-¿Para qué revertir el proceso?
¿Para qué introducirte en sus mentes?
-Sencillamente para acabar con
ellos.
-No.
-Doctor, sé que estás en contra
del genocidio pero, dado que yo te he perdonado uno, tú podrías perdonarme
este.
-Ni se te ocurra.-Me señaló con
el dedo índice-No. No puedes. No debes.-Puntuó.
-¿No debo? Lo siento Doctor, pero
creo que hasta tú entiendes que no se puede tratar con semejante raza.
-Sí que se puede. Recuerda el
Dalec Caan, evolucionó. Tú lo sabes.
-Un Dalec, Doctor, uno. Un
guisante amarillo en medio de muchos verdes.
-Pero puede ocurrir.
-Y hasta que ocurra, ¿cuántas
vidas correrán peligro? Doctor, sé quién eres. Te quiero por cómo eres, te amo
por cómo eres. No intentes tener compasión de algo que sabes que no lo merece.
Y tampoco intentes ser quien no eres.-Seguí a los Dalecs.
-Yo sé quién soy y por qué soy
así. ¿Y tú?-Me agarró el brazo, pero no me detuvo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario