EPÍLOGO
-¡Doctor, Voz!-Sonreía Amy con el
bebé en sus brazos mientras nos habría la puerta.
-¡Los Pond!-Saltamos a un abrazo
y pasamos a dentro.
-Este sí que es un gran regalo de
navidad.-Dijo Rory.
-¿De veras? Yo creo que el mejor
regalo es el que sostienes, Amy.-Señalé a la pequeña Pond.
-Se llama Melody.-Nos presentó
Amy.-Pero pasad de una vez u os vais a congelar. ¡Brrzz!
Sentados en el sofá de su nuevo
hogar sonreíamos cual comedia romántica americana, ¡pero qué demonios! La
felicidad es lo que tiene, ¿qué importa lo demás? La chimenea daba el calor
necesario, la comida ya estaba servida, y la casa tenía hipoteca. En fin, si
para los Pond eso resultaba aburrido y les aterraba… entonces sería la más
grande y la más terrorífica de las aventuras.
Pero para el Doctor y para mí la
aventura y la grandeza está en las estrellas, las cuales brillaban está noche
como la magnífica luz radiante de la que goza y presume el corazón de la
Tardis. Entonces me di cuenta y me asomé a la ventana.
-Doctor, ¿te has fijado?-Le sonreí
mientras miraba curiosa a través del cristal-Está nevando.
-Sí, pero lo más importante es
que… está nevando de verdad.
No hay comentarios:
Publicar un comentario